La cuarentena continúa... Parte 3


Llevamos apenas 31 días de cuarentena, para otros son 38 días. No, no llevo la cuenta, porque de hacerlo haría que el tiempo se sintiera como eterno, y a eso, generaría ansiedad. Una ansiedad que traería consigo como un recuento de los días que llevo sin hacer algo productivo o que sigo desempleada.

Aunque, hoy les tengo algo nuevo que contar.
He estado yendo al trabajo de mi madre. Su jefa, se dedica a la medicina homeópata (aparte de trabajo de contabilidad), y aunque quisiera decir más al respecto, hay un reglamento de no hablar sobre ello mientras mi madre trabaje ahí. Además no sería fácil de explicar por medio de letras a diferencia de hacerlo por palabras: ademanes, expresiones faciales, tono de voz sarcástico, entre muchas cosas más. En fin, ¿qué es lo novedoso? Pues, durante los pocos días que llevo, se han recibido más de 20 llamadas, mensajes, visitas, pedidos, de personas que han escuchado o alguien les ha recomendado que deben tomar tal producto, ya que ayuda a la prevención del covid-19. Al parecer hay 2 casos completamente reales de personas que se curaron, pero no han querido dar su testimonio por miedo a ser reconocidos o criticados, sin embargo, han mandado un audio y cuentan que sí funciona y la gente debe hacer caso de lo que se está viviendo en todo el mundo.

Mis manos se dedican a registrar los nuevos clientes, imprimir la etiqueta del paquete que será enviado a su casa y a la empaquetación de los mismos, aquí con ayuda de mamá. De hecho, ella no se dedica a eso, pero durante esta pandemia, se ha vuelto un segundo trabajo.
Debo decir que, sigo siendo un poco escéptica con este producto, considerando en la mayoría de las veces que es algo mental como en todos los casos. Ejemplo: Si una persona  a la cual no conoces, te dice que probando eso te ayudará a sanarte de problemas que no conocías y su tono de voz es tan convincente, y te da una prueba de ello, dándote la oportunidad de dudar o comprobar por ti mismo que sí sirve. Y al final, te quedas con lo que te dijo y compruebas que es verdad. 
Bueno, así siento que es. Y, en dos ocasiones, me ayudó a curarme al menos de una gripa. Y no, no vengo a hacer publicidad de esto, simplemente escribo mi día a día con cada una de las experiencias más extrañas que puedes llegar a pasar, considerando que sería mi segunda pandemia oficial en esta vida. 

¿Sabes? He tomado ya como una bonita costumbre de hablarle a mi abuela todas las noches, y cada vez que le hablo le cuento cómo estuvo mi día. Incluso la hago reír con mis babosadas que últimamente digo. Me sigue diciendo que el encierro es cada vez más frustrante para ella, pues siente la necesidad de querer retomar sus actividades diarias. Y vaya que ella hacía muchas cosas antes de esto, ella iba a misa al Centro por lo menos de 2 a 3 veces por semana, al menos todos los días salía a comprar sus alimentos y venía a casa a vernos (vivimos muy cerca por fortuna, a sólo 10 minutos caminando). 
Así que puedes imaginar lo difícil que ha sido mantenerse dentro de su casa para no enfermarse. Aún así, le seguimos ayudando a comprar su despensa, la visito al menos 1 vez cada dos semanas y tomo las medidas necesarias para no llevar ninguna bacteria. 

Con todo esto, me llegaron los recuerdos de cuando estuve en psiquiatría. Si de por sí es complicado recibir visitas, no me imagino cómo estará ahora. ¿Las personas de la 3ra edad seguirán recibiendo la visita de sus familias? ¿Estarán tomando medidas de seguridad para cada uno de los pacientes que ahí residen? Principalmente, ¿sigue yendo la familia a verlos? 
Cuando estuve ahí, estaba una mujer la cual ahora no recuerdo su nombre, tenía más de 60 años, y durante el tiempo que permanecí dentro, sólo en 2 ocasiones fue uno de sus hijos a verla. Notabas la felicidad en su semblante un poco ya arrugado, e incluso le daba más por platicar, declamar los poemas que en su juventud le gustaban. Contábamos chistes tiernos, ninguno en doble sentido, pero se carcajeaba ahora que le habían dado su nueva dentadura. Era una mujer increíble, era maravillosa. 
Observé día con día cómo fue su evolución: desde verla acostada sin ganas de levantarse a desayunar, ni tampoco tenía de salir a hacer las actividades que nos ponían, hasta esos últimos días de mi estancia ahí, era una mujer completamente diferente. 
Ahora bien, en ese momento no pasamos por alguna pandemia, pero de ser así, muchos de los que estábamos ahí no hubiéramos mejorado. 
No hubiéramos visto a nuestra familia por más de 2 meses o quizás más. Quizás se hubiera alargado hasta medio año, contemplando que la mayoría de personas internadas ahí eran de la 3ra edad. Eran hombres y mujeres que habían sido “abandonados” por sus familias, principalmente hijos. No eran enfermos mentales, sólo pasaban por una depresión. Algunos llegaban sanos, pero con el medicamento les quitaban su verdadera esencia. Otros, cómo yo, sí teníamos algo, y para controlar nuestras acciones, nos observaban 6 psiquiatras/psicólogos. 

¿Qué es de aquellos que siguen en la clínica? ¿Habrán considerado los expertos de la salud mental nuevas actividades para sobrellevar esta situación? ¿Cómo están manejando la situación los pacientes? 

Yo, estando ya lejos de ese lugar, puedo llegar a comprender lo que debe sentirse...



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