Enferma mental en cuarentena. Parte 2.


Hace ya varios días, que han empezado a tomar en cuenta la salud mental por el tema del aislamiento social por la pandemia. 
Me toma por sorpresa que hablen de esto ya que, si bien todos los días hay personas que sienten un terrible vacío de soledad o tienen depresión, no es precisamente por lo que está sucediendo en todo el mundo. 

Lamentablemente, el problema de Coronavirus Covid- 19 ha ido empeorando los distintos trastornos que tienen muchas personas. ¿Cómo les dices a aquellos que tienen ansiedad que no se preocupen por enfermarse? A la persona deprimida, ¿cómo le haces saber que estará mejor en estos tiempos? A la persona con un vacío existencial, ¿cómo le dirás que es mejor mantenerse alejados para que no se propague el virus?

Sí, lo sé. Puede sonar muy tonto, incluso algo ilógico considerando que las redes sociales te mantienen más cerca de los que quieres. Sin embargo, estando más aislado de lo normal, teniendo a las personas enfocadas en otros temas, surge más la sensación de anhelo, añoranza, recuerdos…

¿Cómo lo sé? Al tener una enfermedad mental puedes entender a personas que pasan por algo similar. Es por ello que les contaré cómo es mi día a día de aislamiento social:

He perdido la cuenta de cuándo fue la última vez que fui a terapia presencial. Habían pasado apenas unos meses de haber asistido a 2 sepelios. Unos 3 meses desde que fui a la última fiesta “masiva” con apenas unos 100 invitados. Quizás 4 cuando conviví con toda mi demás familia y salía con ellos a caminar por las calles de Puebla, calles llenas de gente, pero al mismo tiempo eran personas que hacían eco al caminar. Trato de recordar cómo era eso, y nomás no lo consigo. Han pasado más de 5 o 6 meses que salía a comer con mi papá y mi hermana. Ahora, apenas si cada 2 o 3 semanas, mi papá me marca para saber cómo estoy. 
Creo han pasado 7 meses desde la última vez que hice un viaje a Altzayanca. Ese viaje estuve con personas que amo mucho e hice por primera vez tamales. En ese viaje también descubrí una caja llena de libros, algunos databan del 1890. Eran al parecer del hermano de mi bisabuelo, quien al parecer estudió en una escuela de religión. Me sentí envuelta de misterio por querer conocer sobre historia… Sólo me queda un breve audio. 
Hace 8 meses estaba en la playa, y aprendía a nadar. 

Hoy, pareciera que todo fue un sueño. Fue un momento en el que se podría decir que el miedo ni la muerte hubiera existido en todo su esplendor. 
No hay día que no vea noticias sobre los decesos, los nuevos contagios y los que se “están curando”. Cada vez, busco la manera de contarle a mi abuela lo que está por teléfono, sin el afán de preocuparla o generarle angustia. Creo que he empezado a fortalecer más mi vínculo emocional con ella y me agrada, pues todos los días le hablo y pregunto cómo está. Aunque ya sé cuál será su respuesta, siempre le trato de hacer ameno su aislamiento. Me cuenta todos los días que ha estado sacudiendo todos sus muebles, ha estado viendo el canal de religión y se ha puesto a rezar por el mundo y por todos sus hijos. Al poco rato, su voz se torna triste, me dice que no le han marcado sus hijos, y se pregunta si estarán bien. Luego se alegra cuando le cuento sobre mi perrita. Ella le ha tomado un gran afecto a Dhana (mi perrita) y se ríe al recordar cuando le digo que anda jugando o ladrando al oír a los demás perros. Pero he de confesar que hay ocasiones en que me pongo a pensar qué pasará cuando ella ya no esté. 
Sí, eso pasa cuando sufres TLP, vienen a la mente escenarios que en algún momento pasarán, más no pronto.
Ando desempleada, y al imaginar que esta pandemia vino a cerrar muchos negocios, me frustra mucho la idea de que no encuentre un sustento económico y siga sin poder ayudar a casa. Hay ocasiones en las que me llego a sentir sola. La mayoría de mis amistades están ocupados en trabajar desde casa y siento que sólo molestaría. 
Si he salido, sólo puedo notar la ausencia de personas. No me desagrada ver las calles vacías, pero recuerdo la limitación de actividades y me pongo triste. 

Si hubiera conseguido un trabajo antes de todo esto, ¿haría más sencillo mi estadía en casa? ¿Quizás no explotaría tanto con mi familia? ¿No habrían tantas dudas en mi interior? 

Los recuerdos llegan muchas veces en todo el día, y lo mejor que puedo hacer, es escribir o tan sólo dirigir mi atención a juegos tontos en un celular. Logrando despejarme de todo lo que me atormenta.

La semana santa pasó… de forma extraña. Pero al menos se hicieron borrar algunos momentos que pasé hace años. En parte, eso me alegró. Y por otra parte… No. 

¿Escribo muchas cosas de repente y no tienen ninguna unión, verdad? Así es tener TLP, pensar, actuar, maldecir, soñar, llorar, decir, callar… Y en esta cuarentena, no ha sido nada fácil para mí.


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