Enferma mental en cuarentena


Hace 15 días que llegó el covid-19 a Puebla.
Estaba sentada en la sala como cada noche de lunes a viernes, esperando a que comenzaran las noticias de un canal equis de la televisión abierta. Iniciaba el noticiario con algunas imágenes de la planta VW en Puebla, seguido de su resumen de lo acontecido aquel día. Para mí sorpresa, llegué a leer de repente: Primer caso de coronavirus en Puebla. 
No quería creer que esto estaba pasando... Considerando que me mostraba escéptica ante ese tema: no había visto a ninguna persona dar su testimonio de la enfermedad; sólo se estaba propagando por la gente adinerada en el país y sus alrededores. Sin embargo, ante lo que veía y podía escuchar por las mañanas o en el transcurso del día por medio de Twitter, no lograba generar en mi mente que todo era VERDAD. 
Si bien, he de confesar que, tengo una mente que asocia todo con “cortinas de humo”; ya que durante mi época universitaria, quise investigar los temas falsos que hicieron en el gobierno para distraer al mexicano; llego al punto principal de lo que se menciona, lo analizo hasta encontrar la primera conexión de ser un fake news a relacionarlo con lo que puedo ver y no en televisión.
¿Alguien recuerda la ocasión que hubo un temblor muy fuerte en Puerto Rico y nadie pudo ver esa noticia en televisión? ¿Acaso recuerdas el día que se dio la marcha de los feminicidios y se vio opacado por los desmanes hechos en las distintas partes del país? ¿Qué hay de los robos al transporte público en el que se hieren diariamente a una persona? 
Lo sé, nadie habló de eso, se mencionó brevemente algo, en otros casos, no se dijo nada. ¿Qué se veía en las noticias? Coronavirus acaba con la vida de miles de personas en Wuhan, China. El coronavirus ha llegado a tierra Santa, el papa Francisco ha decidido no dar misas. Aún no sabe con exactitud qué animal trajo el coronavirus. Esto es lo que debes saber del Coronavirus. Aumenta el número de casos confirmados por Coronavirus: la gente ha decidido no salir ni a visitar a sus familias. Todo eso era lo que me “atacaba” diariamente, sin poder conocer lo que acontencía en otro lugar. 
Fueron pasando los días, tuve que decirle a mi abuelita que ya no debía venir por el temor de que mi hermana, al estar en contacto con gente que está enferma, en una de esas ocasiones se le pegara el virus y lo contagiara a ella. Más o menos entendió, pues sería la primera vez que se le prohibiera salir de su casa. 

De hecho, fueron los 3 primeros días como muy “insignificantes”. La gente aún salía. Incluso yo fui a una fiesta de XV años, cuando ya estaba decretado que debían cancelarse. A pesar de que ya había pasado el primer día de contagio, ibas a los supermercados y te dabas cuenta que la gente no estaba preparada para este tipo de situación. Parecía que fuera un Black friday, veías en las redes sociales videos de cómo corrían por ganarse una botella de cloro, o quizás un bote de Lysol. 
Y estando físicamente en esos lugares, podías darte cuenta que los estantes de comidas enlatadas empezaban a vaciarse, así como los de papel higiénico. Veías carritos llenos de artículos de limpieza, así como a la gente desesperada de no poder irse pronto.

Recuerdo que por esas fechas, yo tenía una alergia de primavera, así que era muy curioso observar cómo la gente se comportaba ante eso. Me miraban y trataban de estar lo más lejos posible. Era obvio si apenas lo que se decía en los medios de comunicación era que tratáramos de alejarnos de las personas que estornudaban y no se cubrían, como de aquellos que se sonaban la nariz y no se desinfectaban las manos al momento.

El día 20 de marzo tenía una cita en fiscalía para seguir llevando a cabo el seguimiento de mi denuncia por violencia. Llegué a la hora estipulada: 10am. La licenciada aún no llegaba pero habíamos como 4 personas ahí esperando. Empecé a sentir una picazón en la garganta, así como las ganas de limpiar mi nariz. Con la pena y decidida, lo hice. Voltearon a verme, y noté su distanciamiento con apenas dar unos pasos. 
La licenciada llegó, me hizo a pasar a la “oficina”, que más bien era una habitación dividida en 4 secciones: la oficina de denuncias, 2 oficinas de licenciados y, donde yo me encontraba, había una computadora para mi licenciada, la impresora de todos, una mesita pequeña para los que hacen su servicio social y muchos papeles regados. 
Llegaba la gente, me veía con mi cubrebocas y mi papel en la mano para limpiarme. Veían que encima del archivero tenían gel antibacterial, así que entraban e iban directamente a “desinfectarse”. 
Estuve ahí por más de 2 horas, pero nadie seguía las medidas de seguridad. Terminé usando mi propio gel por más de 10 ocasiones. Y sin querer, no sirvió de nada… 

Ese día regresé a casa para poder llevarles algunas cosas que compramos para mi abuelita, por lo que me cambié de ropa, me lavé bien las manos y fui a verla. 
Así ha estado pasando el tiempo… Sigo viendo las publicaciones del gobierno, publicaciones de familiares que han perdido a alguien a causa del coronavirus. 
Me obliga a pensar que México nunca ha estado listo para este tipo de pandemias. Tan sólo cuando ocurrió de la influenza en el año 2009, la gente de otros países criticaba a los mexicanos por propagar el virus, se habían cancelado las clases en todos los niveles educativos y se pedía sólo usar cubre bocas. ¿En qué momento se habló de cómo evitar el contagio? ¿Un cubre bocas ayudaría? Obvio que no. Pero lo irónico, la vacuna estaba lista apenas pasado un mes. 
Ahora, ¿Qué está haciendo México? Dar conferencias diarias por parte del Presidente donde no se dice algo nuevo de lo que ya sabemos. Se menciona un plan para la economía del país, pero no dicen cómo se hará. Dicen que van a solicitar a más de 2 mil médicos, ¿pero a los que son pasantes sabrán cómo lidiar con esta situación? 

Vamos en el día 15 de la cuarentena, para otros el día 22 estando en casa. Hoy les he hablado de lo que ha sido el inicio de una pandemia, pero cuando tienes una enfermedad mental, el paso de los días no son nada agradables…   




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