Vida libre de violencia
Ilustración: Tere Fuentes @terry.con.chia IG
Texto: Paola S. Rodríguez
Una mañana desperté sin pensar en
quién realmente era. Sabía que era mujer, y no por mí físico, sin embargo, por
la edad que tenía en ese momento, no me hacía ser del todo consciente de la
realidad que estaba viviendo.
Era normal ver las noticias por
la tarde mientras era la hora de comida. Así como era normal, volver a ver las noticias,
pero en el horario de la noche. Ahora que he crecido, me doy cuenta que era un
cambio drástico de temática entre esas dos secciones, y lo entiendo, a veces
los niños, cómo yo en esa época, no debían “arruinar” su infancia con hechos
tan crudos que azotaban al país.
¿Recuerdan la primera vez que
escucharon o leyeron sobre “Las muertas de Juárez”? Si hacemos una reflexión
más profunda, nos damos cuenta que estos fueron los primeros casos de
feminicidios no catalogados del país. De acuerdo a los antecedentes, en Ciudad
Juárez estaban en un alto repunte respecto a la mano de obra de maquiladoras.
Los hombres, eran más difíciles de contratar porque exigían más dinero en su
pago. Por lo que vieron como “contratación barata” la mano de obra en mujeres.
Haciendo que aumentara la migración a este estado, conformado por madres
solteras o por aquellas que sólo buscaban la oportunidad de laborar.
En cuestión del género masculino,
aumentó el desempleo y el alcoholismo, generando la violencia hacia las
mujeres. Abriendo paso, a una desigualdad de derechos.
Hubo chicas jóvenes que, al estar
ya en Ciudad Juárez, veían su cercanía de ir a Estados Unidos, para poder
iniciar una nueva y mejor vida. Sin embargo, algunas no pasaron de manera
ilegal, dejándolas sin dinero, sin documentos y varadas en el estado. Siendo
víctimas de aquellos que se dedicaban a la prostitución. Dándose el primer caso
en 1993, la aparición de 8 cuerpos de mujeres con notables signos de violencia
física y sexual. Desde entonces, el número de víctima fue aumentando.
Encontraron la muerte por estrangulamiento o
por golpes salvajes. Sus cuerpos fueron escondidos entre escombros, en zonas
desérticas o al lado de las vías para hacer creer que el tren las había
destrozado. Entre las asesinadas hay no sólo empleadas de las maquiladoras,
también amas de casa, estudiantes, trabajadoras de servicio doméstico y
prostitutas. (Alonso, 2004).
Los familiares de estas víctimas,
iban en busca de sus cuerpos, que a veces eran enterrados en fosas
clandestinas, ya que el mismo gobierno no quería ayudar en la búsqueda. Fueron
años en los que se vivió la discriminación de género. Donde madres llevaban la
información, e incluso nombres de los responsables, pero la policía hacia caso
omiso y mencionaban palabras fuera de lugar:
“Ya aparecerá con su cholo y sus cholitos”,
“Ella se lo buscó”, “Eso no hubiera pasado si hubiera traído una falda más
larga”. La madre de una asesinada se quejaba amargamente de que “el matón” no
se presentaba a declarar porque lo protegían parientes de Seguridad Pública y de
la Judicial. (Alonso, 2004).
Tras sobrepasar estos hechos con
la prensa extranjera, los gobiernos de otros países exigían al gobierno
mexicano que tomara “las riendas” sobre la situación y ofreciera la
tranquilidad que las mujeres necesitaban.
Pensar que esto fue hace más de
17 años. Más de una década en la que la situación, pareciera ser la misma. A
diferencia que ahora se nos cree más a las mujeres por lo que declaramos o pasamos.
Sin embargo, ¿Por qué es tan
fácil burlar a la justicia? ¿Por qué el no tener dinero involucra ignorarme?
¿Por qué estoy en peligro si soy mujer?
Son algunas de las tantas
preguntas que seguiré escuchando todos los días en las noticias, en la calle,
viendo la situación sólo en mi país.
Ningún feminicidio estará
justificado.
Ser mujer no debe ser el
continuar con la ideología inculcada por nuestras familias
Ser hombre con ganas de ser
mujer, no se debe juzgar ni discriminar.
Sea quien sea, tiene derechos,
haciéndose valer por norma y no por bienestar propio.
Ser hombre no significa ser
superior a una mujer. Ni mujer significa ser superior al hombre.
Ser quien eres significa respetar
a los demás y generar el respeto en nuestras futuras generaciones. No importa
la clase social, creencia o preferencia sexual.
Tanto mujer como hombre, debemos
vivir una vida libre de violencia.

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