Cuarentena... ¿estás ahí?
He perdido la cuenta de cuántos
días han pasado desde que se decreto la alerta de contingencia. Creo que vamos para
2 meses apenas, o ¿no? Bueno, la verdad ya ni quiero llevar la cuenta de los
días que paso lejos de las personas que amo, lejos de mis salidas ocasionales
al Centro histórico y ver lleno el zócalo de familias, parejas, amigos… cada
uno en su mundo, pero quejándome de ver mucha gente. Ja, ja, ja, lo sé, me
disgusta ver muchas personas reunidas en un solo lugar y que no dejen espacios
para caminar libremente. Sin embargo, se extraña el bullicio de una ciudad
viva.
Cada vez mis días se vuelven
diferentes con algo relevante en el transcurso del trabajo. Ayer 07 de mayo, me
regresaron un paquete, ya que al lugar donde se mandó, la mensajería ya no llegará
ahí. No decía más en el papel del destinatario, pero me hace sospechar que hay
un alto porcentaje de contagiados en ese lugar. Y no sólo eso, uno de nuestros
tantos paquetes, se perdió rumbo a su destino. ¿Qué pasó? Creo que descubrieron
que la persona a quien iba dirigido murió por Covid-19.
Sí, estoy más cerca de la tragedia
en forma indirecta. Ya que yo no hablé con esos clientes, pero la jefa de aquí
nos ha contado. Y lo hemos comprobado porque la mensajería ya nos lo dijo. Aún
así, sigo un poco incrédula con el tema. Teniendo como respuesta todos los días
los pedidos que se nos hacen.
Ya viene el día de las madres y
mi abuela está algo triste por ello, pero consciente de la situación. Le he propuesto
una idea para verla el domingo y no dejar pasar por alto esta fecha. Pues si
bien todos sus hijos no la ven ni le hablan todo el tiempo, dudo que ese día se
les ocurra algo más que una videollamada. ¿Que qué le he propuesto? Pues quise
retomar lo que se hizo en Europa para celebrar los cumpleaños de sus seres
queridos. Iremos a verla mi familia y yo, pero no entraremos en su casa.
Dejaremos que la reja sea nuestra muestra de seguridad. Con cubre bocas, gel
antibacterial, nuestro desinfectante con cloro y guantes, llevaremos de comer.
Y ella dentro de su hogar y nosotros afuera, conviviremos así. ¿Saben qué logré
al decirle eso? Logré que se riera y me dijera que sí a mi plan.
La he visto llorar infinidades de
veces, e incluso me ha dicho que ha llorado dos veces en esta semana al añorar
salir. Por ello, no quiero que pase otro día sola, y menos siendo 10 de mayo.
Por cierto, debo mencionar que
esto de estar trabajando me ha mantenido despejada de muchos sentimientos. Y
también me he vuelto más seria, apática y risueña. Sí, soy una mezcla de actitudes
raras, pero sigo siendo quién soy, sólo yo.
Hoy, les dejaré la fotografía que
he guardado del Museo Nacional de Ferrocarriles Mexicanos. Apenas fue su aniversario,
al igual que el aniversario de fallecido de mi primo. Pero esta foto me
recuerda a él y mi estancia en ese lugar.
Por eso, dedicaré unas palabras a
mi primo para terminar mi texto de hoy:
Siendo reportero de un medio muy
conocido en México, me pregunto qué habrías escrito de esto, qué historias le estarías
preguntando a Octavio sobre su estancia en alguno de los tantos hospitales que
él puede visitar, ¿habrías estado aquí en Puebla durante esta pandemia o dónde
hubieras estado? Hoy, me quedo con las ganas de haber convivido más contigo, y
haberte llamado colega cada que nos reuniéramos en navidad. Primo, donde quiera
que estés, ayúdame a que tú papá vuelva a hablar con nosotros, lo extrañamos.
Te extraño.

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