El arcoíris de la pandemia
Ha pasado más un mes sin que
escribiera algo referente a la pandemia o a los temas diferentes de la misma. Pues,
si bien han sido tiempos fuertes para mí, el escribir sigue siendo una forma
bella de poder liberarme y desahogar el pensar de mi día a día.
Y, aun así, me topo con un
escenario diferente. Observo un lugar nuevo, en el que muchas cosas cambiaron
más de lo normal. ¿Recuerdan a mi abuelita? Bueno, ahora está viviendo con nosotros.
La cuarentena le hizo daño como a muchas otras personas. Agradezco que no haya
sido por Covid-19, pero lamento que la depresión y la ansiedad hicieran
aparición en ella.
Es curioso, ¿no? Cuando uno sufre
de alguna enfermedad mental, esperas y deseas que no pasen por ello alguna de
las personas que amas. Aunque, ahora que pasó esto, comprendes perfectamente su
sentir. Sentir el día eterno por la soledad que te acompaña; extrañar momentos
donde uno se sentía maravillosamente bien por salir o andar entre las calles
del Centro, y ni que decir de vivir con una salud estable. ¿A qué me refiero
con salud estable? Me refiero a las ganas de hacer diversas actividades, poder
despertar con la intención de hacer un día diferente y no dejar que un mal
momento opaque el brillo de éste.
Debo confesar que me agrada mucho
que mi abuela esté en casa. Quizás la limitemos un poco con hacer ciertas
actividades, pero he logrado compartir muchas cosas con ella.
Compartimos el gusto de escuchar
a Lila Downs y, por ende, vimos juntas el estreno de su documental “El son del
chile frito”. (No sé si es porque estudié comunicación, pero al documental le
faltó tener más relación entre las historias. Dar a conocer a detalle la
intención de su último álbum, así como hablar más de ella. Si lo ven, les
recomiendo la dirección de fotografía, esa sí me gustó, y también las formas de
tomar el mezcal.)
Me encanta ver a mi abuela
reírse, que me cuestione sobre aquello que le llama la atención, me es
gratificante enseñarle lo nuevo, y que ella me siga enseñando lo pasado. Es una
mezcla de historia intrapersonal que, me vuelven una mujer diferente.
Me agrada llegar a casa después
del trabajo y decirle que ya estoy de vuelta. Que me diga antes de irme que
regrese pronto para poder comer juntas. Incluso me gusta irme a la cama y
gritarle desde la habitación que pase una excelente noche, y que, aunque ya
vayamos a dormir, me siga preguntando desde el otro cuarto muchas cosas más.
He de comentar que mi abuela se
ha enfermado, y ha traído con ello, una serie de cambios en casa. ¿Recuerdan
los baños de sol cuando eran más pequeños? Bueno, ahora ella los necesita. Y
miren que el clima no ha querido siempre. Pasamos una semana con cielo nublado
y lluvias desde temprano. Entonces la podías ver andando como Marcelino, el
niño de la película “Marcelino, pan y vino” de 1955. La escena donde su amigo “Manuel”
tiene frío, y él le lleva una frazada. Justo antes de subir a verlo, uno de los
sacerdotes le dice: Marcelino, ¿a dónde
vas con esa frazada?, y le responde –Tengo
frío-. Así la ves… cubierta de su frazada favorita, y anda caminando de la
sala al estudio, del estudio a las recamaras, y de las recamaras al comedor y
terminando otra vez en el estudio.
He tomado algunas fotografías de
ella haciendo ciertas cosas, desde estar parada en la ventana observando cómo
se mueven los árboles con el viento y estar sentada tomando sus baños de sol.
Por cierto, siempre acompañada de nuestra pequeña Dhana.
Antes de terminar con este breve
relato, quisiera contarles el por qué escogí para el título “arcoíris”.
No soy muy dada a mencionar algo
referente a la religión, pero al toparme con este significado en el internet,
me pareció adecuado a todo lo que he narrado:
En la Biblia, el arcoíris es también llamado "arco de la
alianza" o "arco de Dios". En Génesis, 9: 8-15, se cuenta que,
después del diluvio, Dios, Noé y todos los seres sobrevivientes del arca
formaron una alianza gracias a la cual no habría más diluvios en la Tierra, y
que el arcoíris que aparecería en el cielo sería el símbolo que utilizaría Dios
para recordarles esa alianza.
Mi diluvio ha sido todo este
trance que hemos pasado con la cuarentena, lo de mi abuela y mi proceso por
conseguir trabajo. Agradezco a Dios o al universo, a quién sea, por dejarme
otros años más a mi viejita adorada. Pues sé bien que de haber dejado pasar más
tiempo, ella quizás no estaría aquí.
Así que poco a poco, vamos
retomando el camino a ver la vida de colores. Nos costará todavía, pero
estaremos juntas y buenas cosas pasarán.
Espero poder escribirles pronto,
aún tengo mucho que contarles.
Les abrazo siempre a todos mis
lectores.
Gracias por leerme.

Es un relato tan emotivo y lleno de vida que te enseña lo valioso que son los seres amados. Te hace consciente de lo que realmente importa en este mundo.
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